¿Cómo te beneficiaría comunicarte mejor?




“ Es Lunes por la mañana y llegas inspirado a tu trabajo, finalmente el fin de semana fue perfecto, una combinación de momentos placenteros y tiempo para pensar en cómo resolver el problema del cliente que parecería sin solución. Ahora tienes una idea muy clara acerca de cómo resolverlo y convocas todo tu equipo para dar las directrices y el plan de acción.

Al empezar a comunicar tu idea, percibes los ojos atentos y los meneos de cabeza en señal de que comprenden y apoyan lo que dices. Sales de la junta con una sensación buena, todos saben que hacer y principalmente están de acuerdo en los tiempos de ejecución ¡para el viernes todo estará resuelto!

Pasas la semana dando foco a otros temas, tranquilo que todo saldrá tal cómo acordado.

Llega el viernes y estás en tu oficina esperando que alguien venga a reportar los logros de la acción pero pasan las horas y nada ocurre. Convoca nuevamente a las personas para una pequeña junta rápida. Sorpresa… no solamente no fueron ejecutadas las instrucciones, incluso parecen surgir dudas acerca del entendimiento de lo que se pidió y algunos solicitan más tiempo para revisar detalles.

Te sientes impotente, confuso y cansado por tener que dar las directrices nuevamente; lo haces… pides que repitan las instrucciones… surgen nuevos meneos de cabezas en señal positivo.

Vas a casa pensando: ¿dónde he fallado? “


Si ya tuviste alguna experiencia similar, sabes cómo se siente intentar comunicar o compartir algo y darse cuenta horas o días después, que lo que dijiste fue mal interpretado o mal comprendido, no solo por una persona, pero todo un grupo.

Tranquilo, es un problema Universal y de ello hablaremos en este artículo.


Uno de los aspectos más importantes cuando hablamos en relaciones humanas es sin duda la comunicación; sí, este simple intercambio de información entre dos o más personas. A pesar de las distintas formas que tenemos para comunicar nuestro mensaje (verbal, no verbal o escrita), lo que intentamos informar, no necesariamente es lo que el otro entiende.


Eso pasa porque evidentemente puedes controlar cómo envías los mensajes (la forma, el contenido, el tono…), pero no tienes ningún control sobre cómo los demás lo reciben. Puedes hacer tu mejor esfuerzo, pero es papel del receptor interpretar el mensaje y en ello, juegan muchos factores personales, emocionales y del ambiente.

Para agravar aún más, es natural del ser humano hacer suposiciones e inferencias, como el imaginar que si la persona está viendo o viviendo lo mismo que tú, obviamente debería sacar las mismas conclusiones, sentir lo mismo y tener el mismo sentido de urgencia.


O sea, no solo creemos que el otro comprendió lo que dijimos, pero también que es deber del otro haberlo comprendido.


Comunicarse de forma inadecuada crea problemas en el ámbito familiar, en la vida social y en el ambiente laboral, pero aparentemente es en este último donde surgen los mayores conflictos. Estudios indican que 60% de los problemas de las empresas son por falta de comunicación.

Y no es difícil imaginar la razón, ya que las personas “traen” al ambiente de trabajo sus propias características/personalidades/hábitos desarrolladas por años y es de se esperar que estas sean distintas: unos fueran exitosos haciendo las cosas de manera más rápida y siguiendo sus instintos, mientras otros lo lograron tomándose tiempo para evaluar datos, consultar otras personas y tomando decisiones basadas en hechos.


En el mundo laboral ideal, independiente de las características personales, todos estarían buscando un objetivo común, por lo mismo, no debería ser tan complicado. Pero no vivimos en un mundo ideal (aún), así que no comprender esas diferencias entre las distintas personalidades, genera mucha frustración, cansancio, confusión y evidente impacto en los resultados de la compañía, en términos de productividad, falta de cooperación, baja eficiencia, mediocres resultados de ventas y alta rotación de personal.



“El mayor problema de la comunicación es que no escuchamos para comprender;

lo hacemos para contestar”



¿De quién es la culpa?

Le invito a empezar con la premisa de que nadie es culpable.

Más fácil es creer que finalmente la comunicación tiene su propia complejidad y solo ocurrirá de manera fluida a partir de un esfuerzo conjunto, donde cada miembro de la organización se esforzará en comunicar de la mejor manera su conocimiento, sus dudas, sus objeciones, sus ideas, etc.


Hablando de forma franca, nadie se despierta en la mañana con la intención de crear ambientes tensos, de crear conflictos, de ser mal comprendido; al contrario, la mayoría de las personas buscan ser exitosas en lo que hacen, especialmente en el trabajo, donde dedican muchas horas de su vida. Adicionalmente, solo pueden actuar con los recursos que tienen (lo que han aprendido proactivamente o lo que la vida les ha enseñado a partir de experiencias e interacciones).


O sea “no hay culpables”… hay personas que aún no aprendieron el cómo comunicarse bien.

Y aquí reside el verdadero problema: no aprendemos a comunicarnos con claridad; no aprendemos a realmente escuchar o a manejar expectativas correctamente o apreciar el poder del silencio dentro de una conversación. En verdad la interacción entre seres humanos es tan natural, que uno cree que otras áreas tienen mayor importancia para el desarrollo personal y profesional.



“El arte de la comunicación es la Lenguaje del Liderazgo”



Sin embargo, hay mayores y menores grados de afectación cuando uno no sabe cómo comunicarse y hablando de Organizaciones, son los Líderes quienes sufren la mayor carga por el papel que desempeñan.

Estudios de la Universidad Stanford indican que dentro de las característica