Cómo hacer qué las expectativas se conviertan en realidad


Las expectativas están en todos lados. Expresadas directamente, por medio de lenguaje indirecto o de forma silenciosa (donde el otro “obviamente” sabe lo que esperas) todas las expectativas sufren del mismo mal: el otro me debe/tiene que hacer algo.

No por casualidad son fuente de frustración, principalmente cuando recaen sobre aquellos con quienes tenemos relaciones personales más cercanas, ya sea un familiar, amigo o en el trabajo.


“Si no sostienes expectativas, entonces nada te puede frustrar”


Pues bien, si aún no alcanzas la iluminación ya sabes lo difícil que es vivir sin tener expectativas. Y cómo yo tampoco llegué a ese punto, te compartiré una de las formas más asertivas para manejar las expectativas en tu vida personal o ambiente laboral y que consta de 3 pasos:


  1. Cambiar Expectativas por Acuerdos

  2. Hacer Acuerdos Bilaterales

  3. Ser Coautor del Acuerdo


Partiremos del principio que la expectativa que tengas es razonable y factible porque de otra forma hacerla realidad no haría sentido… sería un esfuerzo interminable sin resultados reales.

De ser razonable, podemos revisar cada uno de los pasos mencionados, usando como ejemplo el ambiente laboral.


Cómo líder seguramente cargas contigo una cantidad relevante de expectativas sobre tus colaboradores, pares, proveedores, superiores y hasta de tu propio performance; para algunas personas te darás el trabajo de manifestar lo que deseas mientras en otros casos sólo esperarás que el otro “usando sentido común” lo capte.

Sorprendentemente, ya sea de una u otra forma, el resultado puede culminar en decepción.


Una de las razones más claras para ello es que tener expectativa sobre el otro, implica asumir varias cosas:

  • el otro puede hacer (tiene los recursos necesarios para lo que estoy solicitando)

  • el otro sabe hacer lo que estoy solicitando o tendrá la pro-actividad para buscar el cómo?

  • el otro tiene el mismo compromiso que yo en el tema y está “mínimamente” motivado para hacerlo

  • el otro sabe cómo esto es importante para mí

  • el otro sabe la razón por la cual estoy solicitando

  • y peor… si el otro no lo hace, es porque no le importa, no lo vio relevante, o te está desafiando…


Ahora pregunto, ¿cuántos de estos puntos, puedes tu garantizar al hacer la solicitud, que son 100% verdaderos?

La respuesta más honesta es que puedes

imaginarlo, pero seguridad al 100% no puedes tener. Justo ahí habita el riesgo de las expectativas, creer que la otra persona tiene los mismos (o más) motivadores y/o recursos que tú para hacer algo; lo que raras veces pasaría incluso en relaciones personales. ¿Qué hacer entonces, para que las expectativas se conviertan en realidad?


1) Cambiar Expectativas por Acuerdos


¿Ya tuviste aquella rara sensación de que estás manifestando lo que deseas a la otra persona, recibes el meneo positivo de cabeza, una sonrisa amable donde todo parece estar perfecto, susurros de ok, pero al final eres sorprendido con resultados muy por debajo del esperado?


Pensarías que lo expresado estaba claro y que finalmente “todas las señales” representaban un acuerdo entre las partes, pero aún en esta situación donde todo parece tener la claridad necesaria, los resultados pueden ser muy distintos del esperado.

¿Por qué?

Sencillamente porque esto no es un acuerdo… es una expectativa.

Decir al otro lo que se espera y obtener una confirmación de que está ok, no lleva al otro lado de manera tan lineal.


Si bien es cierto que depende mucho de la cultura del país (Americanos y Alemanes por ejemplo, suelen ser muy directos en sus peticiones y también en las razones por las cuales pueden o no hacer algo) ni siempre esto ocurre. Especialmente en Latinoamérica, no es raro ver cómo los Ejecutivos y también su equipo de trabajo se frustra en situaciones como esta. Por parte del Ejecutivo, la frustración viene porque su equipo sabía que era importante, sabían que estaba esperando y sabían lo que tenían que hacer. Por parte del equipo la frustración viene porque el Jefe debía saber que estaban ahogados de trabajo, debía saber que no tenían personas suficientes para atender plazos cortos, debía saber que el equipo no es experto en el tema, debía saber…

Expectativas y más expectativas silenciosas.


Los acuerdos son mucho más profundos que esto. Para que exista un acuerdo es fundamental que el otro pueda ser auténtico y de esta forma manifestar lo que en realidad está pasando o lo que necesita para poder cumplir con lo solicitado, sin miedo de represalias o confrontaciones.

Podrías por ejemplo, utilizar algunas preguntas como:


  • ¿estamos de acuerdo que este es el mejor camino para generar el resultado que esperamos?

  • ¿cómo tu vislumbras que será el entregable de esto?

  • ¿crees que puedes hacerlo en el tiempo y forma que te pido?

  • ¿crees que cuentas con lo que necesitas para realizarlo? ¿hace falta algo?

  • ¿qué podría salir de control en tu punto de vista que te impediría finalizar con este trabajo?


Sencillas preguntas como estas pueden hacer que la persona a quien estás solicitando el trabajo tenga espacio para expresar lo que está viendo por su parte en relación a la solicitud y además, actuar de forma auténtica y decir cuáles son los posibles problemas que pueden surgir (lo que muy probablemente ya está transitando por su cabeza mientras está en esa conversación).

Los “Acuerdos” poseen bases sólidas para discusión, revisión y ajustes… expectativas acaban por ser “humo” que hacen que las discusiones se tornen improductivas, los ambientes de trabajo queden tensos y sea mucho más difícil lograr resultados efectivos.


2) Hacer Acuerdos Bilaterales


Una vez que ya tengas expresado lo que necesitas y la (s) contraparte (s), hayan ratificado y confirmado su entendimiento acerca de ello y del resultado final esperado, es momento de poner atención a lo que se requiere para llevar el objetivo a cabo.


Imaginando que una de las personas manifieste que su área no cuenta con los recursos necesarios para ejecutar la tarea en el tiempo solicitado, tendrás en tus manos la posibilidad de suprimir este problema ofreciendo a alguien más para ayudarlo y así lograr las fechas compromiso.

Podrás lidiar con una objeción que no es real, cómo por ejemplo el miedo del otro de que “el cliente cambie de idea” y por lo mismo, no sea posible cerrar la venta.

Podrás entender el punto de vista del otro y revisar si lo que estás solicitando es realmente razonable, o si algún ajuste es requerido.


Acuerdos bilaterales, significan compromiso entre ambos para encontrar el mejor camino para el cumplimiento del objetivo.

Aún en una posición de liderazgo, o dónde seas tú quien tenga el “poder” de exigir o delegar, cualquier acuerdo implica un compromiso entre las partes. Si no lo hay, dejamos de hablar de acuerdos y nuevamente se convierten en expectativas, de que el otro si lo hará, lo que no sorpresivamente se transforma en frustraciones derivadas de la espera de algo que no se concluye como se imaginaba.


Si estás pensando ahora, que el colaborador fue contratado para ello y por lo mismo, no debería requerir de ti para nada, considera que las personas buscan – en su mayoría – mostrarse cómo conocedores, que no reclaman, que siguen instrucciones o darán lo mejor para lograr los objetivos; y a su vez, también son personas que prefieren “intentarlo todo”, antes de manifestar que no son capaces de hacerlo.

Al dejarlos trabajar en el modelo de “déjalo que intente todo”, fatalmente descubrirás tarde o temprano, que muchos de los trabajos no están siendo realizados con la calidad o resultados esperados, aún peor, que sus colaboradores están frustrados reclamando a sus pares el mal líder que eres por no ver lo que están enfrentando.


“A las personas no les gustan expectativas, siempre van a preferir acuerdos”


Solo piense por un momento en la diferencia entre ambos. En el peso que representan las expectativas, la carga que se espera si no cumples con lo que imaginas que el otro quiere o con lo que el otro piensa que eres capaz de hacer con los recursos que tienes ¿tu corazón no palpita más fuerte sabiendo que el otro espera algo que tu ni sabes qué es? Es tóxico, cansado y te quedas en la defensiva por si acaso no logras lo que el otro espera.


Por otro lado, piensa en acuerdos. La forma leve que eso toma cuando se sabe lo que se espera de ti, se sabe con qué recursos cuentas y que puedes ser creativo dentro de algo que ambos saben que será el mejor resultado. Tú y el otro creando juntos, cuando ambos pueden manifestar lo que se requiere, tienen compromiso con el objetivo y se puede hablar con claridad lo que se requiere para hacerlo.


3) Ser Coautor del Acuerdo


Cuando menciono ser coautor no es con la intención de que tú dejes lo que estás haciendo para cuidar del trabajo del otro, esto no sería liderazgo e implicaría una desventaja efectivamente cuando hablamos de delegar.


No, a lo que me refiero es que, una vez que exista el acuerdo y sepas lo que se requiere para que el compromiso se lleve a cabo, seas coautor en la acción.

En mis sesiones de Coaching, veo a varios Ejecutivos que hacen relativamente bien los dos puntos mencionados arriba, pero que finalmente no obtienen el resultado final porque no ponen la debida atención a que también son parte activa en el acuerdo.


En el ejemplo mencionado anteriormente, si el Ejecutivo sabe que el cumplimiento de la actividad en tiempo requiere contar con la participación de alguien más, no se debe dejar “en el campo de expectativas” que la persona que realizará la tarea logrará solucionar esto solo.

De hecho, 5 minutos del Ejecutivo pueden representar 5 horas por parte de un colaborador para explicar lo que se requiere o “convencer” el otro a apoyarlo.

Ser coautor significa estar en la conversación hasta que los compromisos requeridos ocurran.


Pero seamos más estrictos: el Ejecutivo no tiene tiempo para cumplir personalmente con su parte del compromiso y delega a un tercero para que ayude a la persona encargada de la tarea. (esto ocurre y no hay porque negarlo).

La solución acá es que el Ejecutivo haga un checkpoint con el tiempo necesario para certificar que la actividad sigue el curso esperado y no se requiere ninguna intervención adicional, ya sea tomando la iniciativa o haciendo una verificación anticipada, ambas acciones indican que el solicitante está comprometido con el ejecutor. Esto cambia completamente la dinámica ya que ambos están comprometidos con el éxito.


Esto todo se trata de comunicación y por lo mismo, es replicable a cualquier área de tu vida.

Si deseas algo de un familiar has acuerdos, sal del mundo decepcionante de las expectativas, principalmente las silenciosas.


Siempre hay dos caminos; de verdad es una elección.

Las Expectativas llevan a peleas, malentendidos, rupturas.

Los Acuerdos llevan a soluciones, apoyo y colaboración… son reglas claras del juego.


La secuencia de los tres pasos antes mencionados, generará mayor posibilidad de éxito en lo que sea que estés esperando del otro. A través de acuerdos podrás alinear expectativas, dejando que todos expresen de forma auténtica como el “Sí” es posible.


A partir de ahí sólo resta celebrar el modelo perfecto de personas que saben comunicarse.






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