De Ejecutiva a Coach - Mi historia personal




Watch out!!! Strike 1 Strike 2 Strike 3 Game Over!!!



Difícil decir que yo no sabía, especialmente porque aquella voz simplemente no me dejaba tranquila. Durante mucho tiempo sentí cierta incomodidad al escuchar esta voz y como no sabía interpretarla, simplemente no le daba importancia… decía a la voz “cállate”... seguía mi camino.


Por un largo período la voz desapareció y pensé “ok” se fue para siempre. Pero no era cierto,

sorpresivamente un día resurgió y solo pude escuchar un susurro que decía: Game Over.

Por lo que recuerdo ocurrió en un día normal, trabajé, hice muchas juntas, tomé muchas decisiones y me fui a casa… mis pensamientos estaban oscilando entre lo que tenía que preparar hasta el próximo día, lo que había dejado de hacer, lo que debería haber hecho, lo que pensaba que los demás pensaban que yo debería haber hecho… en fin, un día normal.


Llegando a casa me senté en el sofá, lancé los zapatos al otro lado de la sala y como siempre, abrí la computadora y vi una cantidad enorme de emails sin leer. Con cierta ironía pensé: ah, equipo que está ganando no se mueve... dejemos los emails descansar por un tiempo más.


Casi de inmediato, los pensamientos anteriores se unieron a los nuevos: si no contesto va ser un problema, puede que sea algo importante, sin embargo si los abro sé que me animaré a quedar hasta la 1 de la mañana contestando emails y aún tengo que preparar la propuesta, hey espera… creo que no comí hoy, a ver que hay en el refrigerador, ¿dónde rayos están mis zapatos?


En medio de esta lluvia de pensamientos la voz seguía sonando en mi cabeza, como un disco rayado: Game Over. Sin darle importancia seguí, finalice lo que tenía que hacer alrededor de las 3 de la mañana y al despertar después de algunas horas, sentí que algo raro pasaba, no parecía tener cansancio, no estaba triste, no estaba contenta, no sentía nada. Parecía que alguna parte de mi aún no había despertado.


Me fui al trabajo y ni el tráfico, la lluvia, los emails o la presión me molestaban. De igual manera, nada me entusiasmaba o me hacía feliz (alerta importante: cuando el tráfico no te molesta o ya pasaste al plano superior o algo anda mal).


Fue hasta el final de la tarde de este ocupado día que me puse realmente a pensar en lo que estaba pasando, pero déjame ver si lo explico mejor:

¿te recuerdas del dibujo animado donde el saltamontes queda en el hombro del personaje dando consejos o llamando la atención? pues esta era la sensación, el saltamontes estaba susurrando a mi oído.

En el intento de hacerlo desaparecer, empecé a reflexionar acerca de mi vida; una familia querida (check), un trabajo que me encantaba (check), una posición como Ejecutiva Sénior en una empresa muy renombrada (check), posibilidades de viajar donde quisiera, comprar cosas, poder conocer personas interesantes…(check check check).

Me preguntaba ¿cómo teniendo todo esto, una persona puede sentir que algo no anda bien?

Al parecer la claridad no vendría fácil y ¿para que hacer las cosas más fáciles? justo en este momento de reflexión empezaron también las enfermedades que nunca había tenido: gripe todo el tiempo, dolor de estómago, cabeza, pies, manos, ojos y puedo jurar que un día sentí que hasta mis pestañas me dolían.


Terminé en el hospital y el diagnóstico era algo como Estrés Agudo Acentuado plus plus. Lo que fuera el plus plus, me asustó más que el resto de la frase.


La pasión por lo que hacía seguía ahí pero no mi entusiasmo y tuve un excelente insight de pedir que pusieran mi posición a disposición. Al principio dijeron que no, pero uno tiene que tener cuidado con lo que desea, meses después… esto se convirtió en realidad y me quedé aún peor ¿game over decía la voz no?

Pero ya conoces el viejo dicho: “uno cambia a partir del dolor o del amor”… y este fue el momento de mi reinvención.


Me di cuenta que necesitaba buscar ayuda, sola ya no lo lograría. Pero no quería alguien que me ayudara a comprender mi pasado o quedarme acostada en una camita, mientras tomaban notas; quería realmente comprender lo que pasaba por mi mente en aquel momento y cómo podría crear una mejor visión de futuro.


Empecé a hacer muchas búsquedas en la web casi que usando estas palabras “cómo tener mayor claridad de lo que te hace falta” y me encontré con información acerca del coaching. Me encantaba lo que leía al respecto, pero mi pragmatismo no me dejaba avanzar. Mi pensamiento era: ¿Cómo alguien haciendo una avalancha de preguntas puede ayudarme? ¡Yo ya estoy haciendo las preguntas, lo que necesito son respuestas! (si, esto pensé).


Decidí que aquel no era momento para más preguntas y dejé el tema de coaching a un lado.

Me convertí en una adicta a entrenamientos, retiros, nuevas metodologías para vivir la vida de forma más sencilla… adicta a respuestas.


Meses y mucho dinero después, ya puedes imaginar, las respuestas no llegaron y la sensación de incomodidad y de que algo me faltaba seguían presentes.

Decidí ir más a fondo y ahora sí, empezar sesiones de Coaching y luego de las primeras, literalmente me enamoré del proceso.

¿Todo solucionado? no… la confusión apenas empezaba.


Amaba lo que hacía como Ejecutiva, liderando varias áreas de la compañía, teniendo cientos de personas debajo de mi responsabilidad dentro y fuera del País, trayendo prácticas exitosas de todos lados del planeta para hacer a mis clientes ser aún más exitosos, en fin el poder hacer la diferencia, era maravilloso. Pero cuanto más aprendía acerca del coaching, más similitud veía con lo que había hecho en el pasado y me di cuenta que toda mi vida, personas me hacían confidencias de su vida, solicitaban apoyo para sus problemas personales y profesionales y en estos momentos donde realmente podía ayudar a otro ser humano en su crecimiento y descubrimiento, eran donde me sentía realizada y feliz.

Ahora tenía dos pasiones, la vida Ejecutiva y el Coaching.


Cuanto más seguía en el proceso de coaching combinado con mi vida ejecutiva más me encontraba, más trataba de forma amable mis nuevos descubrimientos, mis